En Madrid no hay playa, pero…

“Aquí no hay playa, vaya vaya” dice la canción. En Madrid hay muchas cosas y muy buenas, pero no, playa no tenemos. Dicen que la carencia agudiza el ingenio y aquí somos expertos.

Las familias salen a la calle en bici, patinando o corriendo con el perro detrás. Se levantan de buena mañana un sábado para preparar el picnic y pasar el día en la “sierra”. Un clásico.

Cada viernes se produce el efecto “estampida” y las carreteras de salida de la capital se llenan de coches conducidos por personas deseosas de pisar el tesoro: la arena de la playa. Valencia es el destino por excelencia de los madrileños. Lo ha sido toda la vida, a pesar de que cada vez más los que vivimos aquí buscamos experiencias emocionantes que nos hagan desconectar de la locura que es esta ciudad de lunes a viernes. Y si encima se hace deporte, mejor.

La última moda es el surf. Grupos de chicos y chicas deseosos de sentir la adrenalina correr por sus venas, acostumbradas a sufrir las inconveniencias del asfalto, el ruido, las caravanas en la M-30 y las calles cortadas por el paso de coches oficiales ocupados por políticos, autoridades o, por qué no, la Casa Real.

Una de las cosas positivas que tiene Madrid es que en un golpe de coche puedes ir donde quieras. Personalmente recomiendo Asturias, un lugar para mí maravilloso, por la gente, el paisaje y la tradición por el surf. Allá se respira mar, esfuerzo, pero sobre todo, muchas ganas de disfrutar del tiempo libre al agua. Las escuelas de surf llenan las playas de gente de interior” con neoprenos y mesas de surf disfrutando de las oleadas que su clima los regala. Es probablemente una de las mejores actividades que algo puede encontrar: parejas, amigos, despedidas de soltero, empresas que deciden incentivar sus trabajadores con esta actividad lúdica son cada vez más numerosas, probablemente porque no hay experiencia que una más que un esfuerzo común para conseguir una cosa tan sencilla a simple vista: ponerse de pie a una mesa de surf. Los “nuevos surfers” se abrazan entre ellos para celebrarlo, y así el objetivo de estas escuelas estará cumplido.

Lo he vivido y lo vivo habitualmente en un pueblo que se llama San Juan de la Arena. Lugar recomendable por todos los que quieran vivir nuevas aventuras y volver a la ciudad con las pilas cargadas. El verano se acaba, así que hay que aprovechar los rayos de sol que nos queden y poder traer de la mejor manera ser de las pocas personas que sigue en la ciudad durante el mes de agosto.
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