Gestión cultural local, gestión creativa… En tiempo de crisis!

En los últimos años las administraciones locales han crecido notablemente en la prestación de servicios culturales y en la construcción de equipamientos en todos sus ámbitos: teatros, auditorios, centros cívicos, bibliotecas, museos, centros de formación… Este crecimiento ha ido acompañado, en algunos casos, de procesos de modernización de la administración local que han incorporado nuevas formas de gestión y de prestación de los servicios. En general ha habido muy poco espacio para la reflexión y se ha primado la acción, la construcción de equipamientos, la apertura de nuevos espacios de cultura… en un camino hiperactivo hacia la normalización democrática y a garantizar unos niveles óptimos y equilibrados de prestación de servicios culturales a las ciudades y pueblos de Cataluña.
Así, en los últimos 30 años las políticas culturales que, en los primeros años de la democracia, se fundamentaban en la construcción de nuevos equipamientos (inexistentes en muchos casos) y en la creación de una oferta estable y permanente, parece que se orientan, cada vez más, a la necesidad de la planificación estratégica como elemento estructural y necesario para una política cultural coherente, sólida y visible que considere más cosas que estrictamente la programación.
Gestionar Cultura, hoy, supone hablar de personas y de la comunidad en que viven, y supone, pues, poner en contacto y relación persones, valores y expresiones. Pero también significa invertir en planificación, control y evaluación e invertir al capacitar técnicamente los equipos de trabajo de las áreas de cultura de las administraciones en un nuevo rol del técnico de cultura que ya no se dedica exclusivamente a la programación sino a la conceptualización de los servicios. Parece que, por fin, empezamos a superar el paradigma de la política cultural de los años 80 basado en el principio de que la oferta crea la demanda y que ha justificado, incluso, el mote de “programadores” de determinados técnicos de Cultura de algunos ayuntamientos. Hay que trabajar desde la planificación estratégica, desde los valores del servicio público, con metodología y herramientas de gestión modernas.
La planificación estratégica es el proceso metodológico que permite que los objetivos políticos y estratégicos de la organización se puedan materializar en planes de actuación identificables, evaluables que, partiendo de un análisis del entorno y la propia organización, establezca con claridad las funciones y responsabilidades, la adscripción de recursos, humanos, materiales y económicos, la determinación de la visión y la misión así como la puesta en marcha de los procesos necesarios para conseguir los objetivos en el entorno normativo de la administración pública y con un calendario determinado.
Es necesario conocer el territorio y trabajar desde la proximidad. El territorio quiere decir, la situación geográfica, sus características físicas, la composición social, su historia, el entorno natural y el urbano, el equilibrio territorial, las comunicaciones… los agentes culturales, los sectores de la cultura, el desarrollo de la economía local… Y proximidad quiere decir conocer bien cuáles son las necesidades de la gente de nuestra comunidad y dar respuestas con una clara orientación al ciudadano y no estrictamente a los sectores culturales. Las personas buscamos experiencias, emociones y “que nos estimen un poco”. Tenemos que ser capaces de transformar nuestros servicios en valor, en un conjunto de expectativas de utilidad para nuestros usuarios. Y es necesario trabajar en clave global, conectando nuestros proyectos con otros, gestionando la compleja relación y tensión entre local y global. Por lo tanto, proximidad entendida como trabajar cerca, no desde, sino en relación, interactuando, intercambiando, mirando lejos, sin distancias ni fronteras, generando cosas nuevas… espacios nuevos de relación, virtuales y físicos, pero con proximidad.
Tenemos que trabajar con profesionalidad, que implica el conocimiento de los sectores culturales, del territorio, de las técnicas de gestión de proyectos, de las herramientas que ofrecen las nuevas tecnologías… y con transparencia que significa poder explicar con claridad aquello que hacemos y ser capaces de presentar los resultados. Y hay que trabajar en equipo, en equipos, en red, sistemáticamente, no en determinados momentos sino estructuralmente, permanentemente, como estilo propio de la gestión cultural.
Los contenidos se administran cada vez más en la red. Hay que disponer de una estrategia digital, administrar bien los canales, dotar de una una dimensión digital a nuestros proyectos culturales, ser capaces de hacer a la vez virtuales y físicos los proyectos, socializando la accesibilidad en todas sus dimensiones.
Y hay que disponer también de una buena estrategia pedagógica, darle bastante al binomio Cultura-Educación, generando el máximo de proyectos compartidos en el máximo de ámbitos posibles.
Atraer talento, conservarlo, crear las condiciones necesarias, crear oportunidades constantemente, de forma sistemática. Una ciudad es creativa si es capaz de poner las condiciones porque los ciudadanos desarrollen sus capacidades creativas. Se trata de generar espacios públicos que favorezcan el roce, el contacto entre personas capaces y con ganas de comunicar. Si la ciudad no da oportunidades las ganas de relacionarte te traen a otro lugar.
En tiempo de crisis, tenemos que estar preparados, nos tenemos que haber dotado de instrumentos financieros y herramientas que nos den información para la gestión y que nos permitan ser eficientes (mayor aprovechamiento de los recursos), eficaces (proporcionar mejores servicios), rentables (mayor provecho de nuestras inversiones), y dejar espacio para la innovación permanente… sólo así podremos crecer.
Por Rafa Milan – Gestor Cultural

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