¿En comunicación política es más importante el qué o el cómo?

Es sin duda la pregunta del millón la que planeta el titular de este nuevo post. A raíz del programa de TV3, Divendres, de este pasado martes que analizó las conferencias celebradas por algunos líderes políticos catalanes en las últimas semanas, la pregunta se me ha vuelto a plantear. Era una gran ocasión, con tres amigos, Tián Riba, Toni Aira y Cristina Salvador, que además es la directora de esta casa, de aPortada. Te seré sincero, la pregunta tiene trampa. Conozco la respuesta aunque ésta no sea exactamente elegir entre el qué o el cómo.

Se habló de la puesta en escena, la simbología del espacio, la iluminación, los gestos de los conferenciantes, su ropa… No voy a repetirlo. En todo caso, me apetece escribir este post para compartir algunas reflexiones.

En toda comunicación, y en política especialmente, podemos analizar algunos parámetros. Básicamente el lenguaje verbal y el no verbal. Y luego está el paraverbal, que no tiene nada de paranormal, que viene a ser el contexto, la puesta en escena. Los políticos y sus conferencias, que analizaron en Divendres, son un buen muestra de como se centran especialmente en el qué, en la palabra. ¿Sabes la importancia que ocupa el lenguaje verbal en el conjunto de lo que se comunica? Pues un 7%, no es mucho ¿No? A veces un poco es mucho. Sin embargo, luego pasa lo que pasa, que la gente te reconoce de haber visto por la TV pero son incapaces de recordar que dijiste. En cambio te dirán si parecías alegre, enfadado, triste, si estabas guapo… Porque el grueso de la comunicación en términos de eficacia está en el lenguaje no verbal, básicamente en el tono de voz, un 38% y en la gestualidad, un 55%. Pongamos algún ejemplo. Escuchamos alguien por la radio y sin verlo, sabemos si sonríe, si está nervioso, en fin, su estado de ánimo. La Voz!… Otro ejemplo. ¿Quién no sabe reconocer que pide un bebé que no habla? No sabemos conceptualizarlo pero sí reconocer que necesita. ¿Cómo? Con su mirada, sus gestos, sus movimientos, su sonrisa o sus llantos.

Volvamos a nuestros políticos. Prueba a ver sus conferencias otra vez, unos 2 minutos es suficiente, pero sin audio. ¿Qué te han transmitido?  Cercanía desde luego no. ¿Has captado algún tic, algún microgesto de nerviosismo? Han sido cuatro conferencias para explicar sus respectivas hojas de ruta con una clara intencionalidad: Seducir a la audiencia. Un pseudo-evento como se comentó en TV3 para tener repercusión en los medios. ¿Lo consiguieron? Eso está por ver. Lo que está claro es que quién más quién menos puede mejorar su eficacia comunicativa. Se buscaba solemnidad y se consiguió. ¡Pero dónde está escrito que solemnidad es sinónimo de frialdad?! Fijémonos en Obama y su estilo cálido y próximo.

La puesta en escena es importante. El president Mas sacó músculo ante un auditorio del Fòrum, Junqueras hizo lo propio en el Palau de Congressos. Fueron demostraciones de fuerza para ver quién convocaba más público. Objetivo cumplido. Otra cosa, más modesta, fueron los actos de Miquel Iceta en el Museu Marítim y Joan Herrera en el Teatre del Raval. Sin duda, éste último era el que contenía más carga simbólica, por la elección en si del emplazamiento. Herrera eligió un buen formato,- de haber respetado la fórmula original, una conversación con invitados VIPS para debatir sobre temas de interés-.

Llevar chuleta con las respuestas preparadas resta espontaneidad. Se agradece, al menos, el cambio de formato.

Y en esto del paralenguaje, los detalles son importantes. ¿Qué decir de la corbata de Iceta, de la sastrería de Junqueras, el puño de camisa díscolo de Mas o el taburete de Herrera? Vamos un poco más allá. Sea serio, me dirá alguno. Sea pues. ¿Por qué ni Junqueras ni Herrera sacaron bandera al escenario? El president Mas dijo hablar a título personal pero toda la escenografía respondía a la imagen del Govern: desde el escudo, color corporativo hasta el pin que lucía en la solapa. Sólo Iceta y Herrerra exhibieron logos del partido. Junqueras prefirió anunciar su hastag favorito. Todo, todo responde a decisiones estratégicas, a priorizar elementos, conceptos y rechazar otros; la elección comunica. ¡Pura semántica!

Y que son las palabras sino semántica. Nuestros políticos disponen en este ámbito de un aprobado justito. Vocablos técnicos, jergas y expresiones que sólo la clase política usa. Hábitos que los alejan de los ciudadanos. A parte, cómo construyen sus frases.  Hay una premisa en política que dice que desde el NO difícilmente se construye nada positivo y sólo desde un SÍ se puede ofrecer una propuesta, una alternativa. Esto no lo aplican en sus discursos. “No somos esto, no somos lo otro, no somos…”, “los problemas reales no guían…”, “No podemos fallar…”. Capítulo aparte merece la estructura de discurso. En otro post quizás.

En fin, si de lo que se trata es de seducir y convencer, señores políticos, Emocionadnos!

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