El ser humano le ha dado conveniente importancia al placer gastronómico desde los inicios de la Historia: la gastronomía trasciende, pues, la simple función fisiológica de la nutrición para ser también un espacio donde el placer del paladar, la congregación social y la cultura – como espacio en el que se comparten conocimiento y símbolos colectivos – se funden.

Ya desde la Antigüedad el ser humano ha dejado testimonio de su interés en refinar los procesos y platos a través de recetarios que se compartían y se reescribían con el paso de los siglos. Durante la Edad Moderna, las mejoras en la agricultura y el refinado comercio con Asia o la colonización de América hizo explotar el intercambio de nuevos métodos gastronómicos y la introducción de nuevos alimentos, y la alta cocina tomaba el sentido que hoy en día entendemos.

Pero es a partir del siglo XIX que la división entre la gastronomía de las clases dirigentes y la gastronomía del pueblo llano se fue diluyendo, mientras que la industria alimenticia, tal como la concebimos actualmente, se consolidaba. Fue durante esa época donde la gastronomía contemporánea se gestó.

Actualmente la gastronomía se presenta como un espacio cultural donde la creatividad y la innovación no están tan solo en manos de los grandes chefs, sino que también se da en las cocinas de nuestras casas. Un sector que se ha flexibilizado para adaptarse al cambiante contexto actual y para llegar a un consumidor mucho más informado, con nuevos valores y un creciente sentido de la responsabilidad. Un consumidor visual, conectado, individualista pero también grupal, que busca vivir experiencias inmersivas y diferenciales. Por todo ello, la gastronomía busca en otras disciplinas y en nuevas fuentes de inspiración un aliado para la creación de experiencias saludables, sensoriales, efímeras y fotogénicas.

Surgen así nuevas manifestaciones y propuestas que marcan un giro en el sector, que para nada son incompatibles con lo que nos cuenta durante una entrevista el chef Jordi Cruz: “en un contexto en el que el chef está sometido a un exceso de información y de miradas críticas, es importante no perder el norte. Los profesionales del sector debemos continuar siendo capaces de no dejarnos influenciar por la gran cantidad de modas y supuestas nuevas exigencias del consumidor, para seguir siguiendo nuestra intuición y buscar singularidad, buen hacer, buen trato a la materia prima y ser coherentes con nuestra identidad diferencial”. 

Así – y sin perder el norte – el sector gastronómico evoluciona para adaptarse al un estilo de vida contemporáneo que hemos querido recoger en la nueva edición del CultHunter’s Manual. Un viaje por las tendencias gastronómicas que suponen una oportunidad para cualquiera que busque nuevas fuentes de inspiración.

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