¿Tiene razón de ser la televisión pública?

Hace pocos días se presentó a la Librería Proa de Barcelona el libro de Toni Mollà, ¿Qué televisión pública?, Amenazas y oportunidades a la era digital editado por Bromera. Josep M. Ureta (que tuvo que marchar a medio debate por motivo de la cobertura como periodista del resultado de la auditoría del inagotable Caso Millet) y Joan Manuel Tresserras acompañaban su amigo Mollà en la presentación.

Ureta afirmó que en el futuro la comunicación se centraría en pequeñas redes sociales de influencia y, por lo tanto, el que más vale son las redes que como personas vamos construyendo. Hoy el espectador es libre, cualquier intento para controlarlo fracasará. Y, además, cualquier persona puede ser – y cada día lo es más – un agente informativo. Considera que la dicotomía televisión pública versus privada es errónea. La telebasura, por ejemplo, ha empezado a una televisión pública cómo es Canal 9. Hoy en día regulación quiere decir sólo garantizar el libre acceso de las personas a la información, y esto tiene que estar en manos públicas.
Toni Mollà – periodista, escritor y sociólogo nacido en Meliana en el País Valenciano y buen amigo de los años de la Universidad – comentaba que normalmente hay demasiada distancia entre los intereses de la industria y de la Universidad y que hay que crear más lazos. La televisión pública tiene una función social y esta es la de cumplir un factor de arrastre de la producción cultural del país. La lengua, además, no tiene un valor metafísico sólo, tiene también un valor comercial. Y para que este mercado sea más amplio, hace falta que haya intercambio entre los Países catalanes. Cierra su discurso afirmando que es necesario redefinir qué quiere decir hoy un servicio público. Pero considera que un espacio público – mediado y físico – es un derecho de la colectividad.

El consejero Tresserras cierra la presentación del libro. Lo hace diciendo que el pesimismo es también ideología. Que el único poder que se somete a plebiscito cada cuatro años es el político. Y la televisión pública es uno de los pocos refugios de la democracia. En la red han saltado por los aires los parámetros éticos del periodismo y hay que evitar que esto influencie otros ámbitos. Tv3, por ejemplo, no es el eje del ecosistema, convive y está profundamente influido por el resto de mediados de la televisión del estado. El gobierno catalán está hoy – afirma – trabajando para vertebrar un mercado televisivo para una comunidad lingüística, como es la de habla catalana, pero que esto se tiene que hacer no de manera jerárquica, pero sí recíproca. La reciprocidad es la base de una relación saludable y duradera.

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